⟡ Carta a mi esteticista
No vengo aquí por costumbre.
Ni por comodidad.
Ni porque sea más fácil.
Vengo porque aquí
puedo relajarme sin tener que dar explicaciones.
No tengo nada que demostrar.
Ni sobre lo que confío,
por qué hoy y no ayer.
Ni sobre los días en los que me siento segura de mí misma,
ni siquiera sobre aquellos en los que lo estoy mucho menos.
Aquí me instalo.
Extiendo las manos.
Cierro los ojos y voilà…
De inmediato, algo encaja.
El ritmo.
La precisión.
Siento cuándo una mano es segura.
No rígida… segura.
Aquí nada se hace con prisas.
Cada gesto parece estar en su sitio,
como si se hubiera repetido mil veces
y, sin embargo, estuviera hecho para mí.
Por supuesto, podría ir a otro sitio.
Siempre hay sitios más baratos.
Siempre hay sitios más rápidos.
Siempre más práctico.
Pero en otros sitios, noto cuando la atención disminuye.
Cuando el gesto se vuelve automático.
Cuando se hace «como siempre».
No busco indulgencia.
Busco a alguien que domine sus gestos.
Aquí confío mi rostro, mis manos, mi cuerpo.
Y sé que serán tratados con atención,
nunca a la ligera.
No vuelvo por lealtad ciega.
Vuelvo porque sé lo que voy a encontrar:
la misma exigencia,
la misma calidad de presencia.
Y luego, también hay algo que se teje,
es un detalle,
pero es lo que marca la diferencia.
El vínculo no se fuerza, se construye
gesto tras gesto,
presencia tras presencia.
Aquí nada es banal.
Nada es automático.
Ni siquiera lo que parece sencillo.
El silencio tiene su lugar,
no es un vacío que hay que llenar.
Aquí las palabras no están ahí para rellenar,
están ahí para acompañar.
Ahí es donde se juega todo.
Porque lo que siento aquí,
lo noto inmediatamente cuando desaparece en otros lugares.
Y en cuanto lo que importa ya no está ahí,
no me quedo.
Porque más allá de las técnicas y los productos,
lo que realmente importa es lo que ocurre sobre una mesa,
detrás de un sillón,
en las yemas de los dedos.
Aquí puedo sentarme sin tener que dar explicaciones…
Y eso,
ninguna clienta lo olvida.
Y yo tampoco.
Es esta exigencia silenciosa, esta atención al detalle,
este respeto por la confianza depositada,
lo que Fille au Pluriel, junto a sus clientas, ha decidido apoyar desde siempre.